Se trata de una hermosa iglesia del siglo XVI situada bajo la colina del Capitolio con una historia muy especial. Fue confiada a la Arciconfraternita della Misericordia que la hizo reconstruir, un grupo de laicos florentinos que vivían en Roma y que acudían y acompañaban a los sentenciados a muerte hasta la horca. Desde su creación en 1488, la Archicofradía acogió en sus filas personalidades como Michelangelo y Vasari, y los Papas Clemente VIII, Urbano VIII y Clemente XII y gracias a ella fue posible obtener la liberación de un condenado por año a partir de 1540. Entre sus "pacientes" más famosos, como se llamaban los condenados, estaba Giordano Bruno, que fue quemado en la hoguera en la Piazza Campo dei Fiori en 1600.
El exterior de la iglesia es muy sencillo, ya que la parte frontal es de ladrillo y el portal está rematado por la inscripción "Per misericordia". Su interior tiene una sola nave con tres nichos por lado, así como altares y frescos de autores toscanos de fines del siglo XVI. El espectacular artesonado presenta una decoración de cruces y flores de lis florentinas, y en el centro está reproducida la cabeza de San Juan Bautista. El presbiterio está engalanado con el retablo de Giorgio Vasari, "La decapitación del Bautista", colocado entre dos columnas de mármol de brecha verde. La decoración del presbiterio en mármoles preciosos, estucos y dorados data del siglo XVIII, al igual que el suelo de la iglesia realizado en mármoles policromados.
El atrio de ingreso conduce al oratorio, englobado en el bloque de la iglesia y del claustro constituyendo un complejo arquitectónico homogéneo. Se trata de una sala enteramente ornamentada por un ciclo de frescos que ilustran la historia de San Juan Bautista, elaborados por los artistas manieristas florentinos más famosos de la época, como Jacopino del Conte, Francesco Salviati y Pirro Ligorio. La figura barbuda de la "Visitación" puede identificarse con el retrato de Miguel Ángel. En el lado derecho, la preciosa ventana falsa de Salviati aparece engalanada con festones de flores y frutas, incluidos los procedentes del Nuevo Mundo descubierto hace poco tiempo.
El claustro, flanqueado en tres lados mediante un pórtico que se inspira en el Renacimiento florentino, tiene dos altares idénticos de madera, obra probablemente de Miguel Ángel. Sobre el suelo están todavía las siete trampillas (seis destinadas a los hombres y una a las mujeres) por donde se descendían los cuerpos de los condenados, recubiertas por tapas de alcantarilla de mármol en las que se leía: "DOMINE CUM VENERIS JUDICARE NOLI NOS CONDEMNARE" ("Señor, a la hora de juzgarme, no me condenes"). Una empinada escalera situada por uno de los pórticos nos lleva a la cámara histórica de la Archicofradía, en la que se conservan, por ejemplo, el cesto en el que cayó la joven cabeza de Beatrice Cenci, la declaración de muerte de Giordano Bruno, el gran crucifijo que abría las filas de la horca y la camilla donde los cofrades trasladaban el cuerpo del ajusticiado.
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